Los debates presidenciales: una escuela para gobernar bien
Artículo de Opinión
Por: Angélica Vega Hernández
Directora de la Escuela de Administración Pública, UCR
Juanito, el candidato, llegó al debate con el nudo en el estómago que muchos conocemos. Ese mismo que aparece antes de una entrevista de trabajo, de una reunión importante o de una conversación difícil. Pacífica, la candidata sentada a unos metros también estaba nerviosa, pero tenía claro algo: ese debate no era solo para hablarle a la gente, sino para ponerse a prueba a sí misma.
Y es que los debates presidenciales no son únicamente un espectáculo de campaña ni un requisito que se cumple “porque toca”. Son, en realidad, una escuela intensiva de las habilidades que una persona va a necesitar si llega a ocupar la Presidencia de la República.
Cuando Juanito escuchó a otro candidato cuestionar su propuesta económica, su primer impulso fue defenderse. Pero respiró, escuchó y respondió con argumentos. Ahí aprendió algo fundamental: gobernar no es gritar más fuerte; es saber escuchar, aceptar críticas y mejorar las ideas. En el día a día del gobierno, el presidente recibe cuestionamientos de diputados, alcaldes, sindicatos, empresarios y ciudadanos. Si no sabe manejar la crítica, el país se estanca.
Pacífica enfrentó una pregunta incómoda sobre una decisión pasada. Las cámaras, el reloj y la presión estaban encima. Podía perder la calma o responder con serenidad. Eligió lo segundo. En ese momento entendió que el manejo de emociones no es un “detalle”; es una habilidad clave para liderar. Un presidente toma decisiones en medio de crisis, emergencias y conflictos. Si no controla sus emociones, las decisiones se pagan caro… y las paga la gente.
Durante el debate, algo más ocurrió. Juanito y Pacífica, aunque venían de partidos distintos, coincidieron en la necesidad de mejorar los servicios públicos y combatir la desigualdad. No fue un acuerdo formal, pero sí un reconocimiento mutuo. Ese pequeño gesto mostró otra gran lección: los debates también sirven para tender puentes. Gobernar Costa Rica no se hace en solitario; se hace dialogando, negociando y construyendo acuerdos, incluso con quienes piensan distinto.
Luego llegaron las preguntas rápidas: pocas palabras, poco tiempo, respuestas claras. Ahí se puso a prueba la capacidad de reaccionar bien, sin improvisar ni evadir. Eso mismo pasa cuando un presidente enfrenta una crisis de empleo, una emergencia climática o un problema en salud o educación. La capacidad de responder rápido, con criterio técnico y sensibilidad política, se entrena. Y los debates son uno de esos entrenamientos.
Por eso es importante decirlo con claridad: cuando una persona candidata se niega a debatir, no solo le está dando la espalda al electorado; también está perdiendo una oportunidad de prepararse para el cargo más exigente del país. Los debates no son una pérdida de tiempo; son una inversión en liderazgo.
Desde la administración pública sabemos que gobernar bien no depende solo de buenas intenciones. Depende de capacidades: saber escuchar, manejar la presión, dialogar, decidir y rendir cuentas. Esas capacidades no aparecen de la nada el día que se gana una elección. Se forman, se practican y se fortalecen.
Aquí es donde las universidades públicas juegan un papel fundamental. En la Universidad de Costa Rica, y particularmente en la Escuela de Administración Pública, formamos personas para pensar el país, para entender cómo funciona el Estado y para servirle a la ciudadanía con responsabilidad y criterio. Creemos en el valor del debate, del pensamiento crítico y del diálogo respetuoso como pilares de la democracia.
Costa Rica necesita liderazgos preparados, no improvisados. Necesita presidentes y presidentas que sepan escuchar a la gente, responder con serenidad y construir soluciones colectivas. Los debates son una parte clave de ese proceso.
Cuando Juanito y Pacífica salieron del escenario, quizá no sabían si habían ganado votos, pero sí habían ganado algo más importante: experiencia para gobernar mejor. Y eso, al final, es lo que toda persona ciudadana espera de quienes aspiran a dirigir el país.
